Federico tenía sesenta y tres años y había dedicado los últimos treinta y cinco a viajar de ciudad en ciudad. A los veinte se casó, y desde entonces Margarita siempre le había acompañado. Pasaban cuatro días en cada ciudad y al quinto siempre se marchaban. Viajaban en una vieja caravana que estaba repleta de cosas. Tenían sombreros, pañuelos de colores, pelotas, cajas de todos los tamaños, cartas, cuerdas, un par de baúles enormes y alguna que otra espada. Hasta tenían un conejo blanco al que llamaron Tambor.
El espectáculo se hacía por las noches. Con las actuaciones ganaban dinero suficiente para vivir. Federico era mago de profesión y de vocación, pues la magia era lo que mejor sabía hacer. Margarita tenía algunos años más que él. Había sido costurera de joven, así que ella le hacía los trajes para sus actuaciones. Margarita nunca iba a ver las actuaciones de su marido. Desde que intentaron robarles la caravana siempre se quedaba allí, vigilando.
La tarde del cinco de diciembre, llegó el matrimonio a una pequeña ciudad italiana situada al norte del país. Estarían allí cuatro días y luego viajarían hasta Roma. Se hizo de noche, y Federico ya caminaba por las calles empedradas. Iba a actuar en una sala de fiestas del centro de la ciudad. Como cada noche acudían allí personas diferentes, actuaría allí las cuatro noches seguidas.
Podría decirse que la noche del estreno fue un éxito. Había unas setenta personas en el público. Todos mostraron asombro ante la magia de Federico. A éste en cambio, le llamó la atención un hombre del público. Era un hombre que estaba sentado en primera fila. Iba trajeado y con gafas de sol, y tenía un maletín a su lado.
La segunda noche, Federico volvió a la sala y llevó a cabo otros trucos diferentes. Acudieron esta vez menos personas, pero el hombre de las gafas oscuras volvía a estar sentado en primera fila. La tercera noche ocurrió lo mismo. Ese hombre había vuelto otra vez a la sala para ver al mago.
Al empezar el espectáculo la cuarta noche, Federico anunció que sería su última actuación allí, pues se marchaba al día siguiente a otra ciudad. Acabó la actuación y el mago se dispuso a recoger sus cosas. Se le acercó despacio un hombre y le estrechó la mano. Levantó la vista Federico y comprobó que era el mismo hombre que las otras noches. Éste le dio la enhorabuena. Le dijo que era el mejor mago que había pisado la ciudad. Federico, muy modesto, se quitó el sombrero, y aceptó sus halagos. El hombre por su parte, se quitó las gafas y le dijo que había disfrutado de su magia con los ojos del alma. Se estrecharon la mano nuevamente, y se despidieron.
Al llegar a la caravana, Margarita, como todas las noches, le preguntó sobre la actuación. Federico respondió que ésta había sido una de las mejores noches de su vida. Que un hombre se había acercado a felicitarle tras ver su magia con los ojos del alma, y que por ello ésa sería una ciudad especial. Ante la cara de asombro de su mujer, Federico se lo explicó. Las últimas tres noches, había ido a verle actuar un hombre ciego.
El espectáculo se hacía por las noches. Con las actuaciones ganaban dinero suficiente para vivir. Federico era mago de profesión y de vocación, pues la magia era lo que mejor sabía hacer. Margarita tenía algunos años más que él. Había sido costurera de joven, así que ella le hacía los trajes para sus actuaciones. Margarita nunca iba a ver las actuaciones de su marido. Desde que intentaron robarles la caravana siempre se quedaba allí, vigilando.
La tarde del cinco de diciembre, llegó el matrimonio a una pequeña ciudad italiana situada al norte del país. Estarían allí cuatro días y luego viajarían hasta Roma. Se hizo de noche, y Federico ya caminaba por las calles empedradas. Iba a actuar en una sala de fiestas del centro de la ciudad. Como cada noche acudían allí personas diferentes, actuaría allí las cuatro noches seguidas.
Podría decirse que la noche del estreno fue un éxito. Había unas setenta personas en el público. Todos mostraron asombro ante la magia de Federico. A éste en cambio, le llamó la atención un hombre del público. Era un hombre que estaba sentado en primera fila. Iba trajeado y con gafas de sol, y tenía un maletín a su lado.
La segunda noche, Federico volvió a la sala y llevó a cabo otros trucos diferentes. Acudieron esta vez menos personas, pero el hombre de las gafas oscuras volvía a estar sentado en primera fila. La tercera noche ocurrió lo mismo. Ese hombre había vuelto otra vez a la sala para ver al mago.
Al empezar el espectáculo la cuarta noche, Federico anunció que sería su última actuación allí, pues se marchaba al día siguiente a otra ciudad. Acabó la actuación y el mago se dispuso a recoger sus cosas. Se le acercó despacio un hombre y le estrechó la mano. Levantó la vista Federico y comprobó que era el mismo hombre que las otras noches. Éste le dio la enhorabuena. Le dijo que era el mejor mago que había pisado la ciudad. Federico, muy modesto, se quitó el sombrero, y aceptó sus halagos. El hombre por su parte, se quitó las gafas y le dijo que había disfrutado de su magia con los ojos del alma. Se estrecharon la mano nuevamente, y se despidieron.
Al llegar a la caravana, Margarita, como todas las noches, le preguntó sobre la actuación. Federico respondió que ésta había sido una de las mejores noches de su vida. Que un hombre se había acercado a felicitarle tras ver su magia con los ojos del alma, y que por ello ésa sería una ciudad especial. Ante la cara de asombro de su mujer, Federico se lo explicó. Las últimas tres noches, había ido a verle actuar un hombre ciego.
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ojalá todos pudiéramos ver con los ojos del alma...
3 latidos:
canteo de latido.brutal
Bassssstante bueno no?
nuy bonico
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