lunes 25 de enero de 2010

Sentir dolor y echar sal

Si duele, es que se está curando. ¡Mentira! El dolor no es el remedio, es parte de la enfermedad. Es el desenlace de la existencia, en pasado, presente y futuro. Si duele, es que ocurrió algo auténtico. Si duele, es que hay herida. Si duele, probablemente dejará cicatriz.

Pero se acabó, ya me cansé de las mentiras. De las personas de mentira, de las palabras de mentira y de los gestos de igual condición. Que como dijo Arthur, "dos medias verdades no hacen una verdad". Y me cansé también de esperar a no sé muy bien el qué. Me cansé de dar vueltas a todo lo demás, para acabar siempre perdiéndome a mí misma por el camino.

A partir de ahora, quien quiera encontrarme, que me busque. Que me busque bien y que yo me dé cuenta. Prometo no esconderme. A partir de ahora quiero que todo duela más. Mucho más. Quiero que se vaya la gente, pero que se queden las personas. Las de verdad. Que se mueran las casualidades, la suerte y el destino. Y que vivan las oportunidades bien aprovechadas. Quiero hablar menos y sentir más. Sentir dolor y echar sal. Que venga el frío y lo congele todo. Para que sólo quede este instante de tiempo, doloroso como ningún otro. Que las rosas tiriten y los pájaros desfallezcan, aburridos, en sus jaulas de oro.

Quiero caminar con el corazón en una mano y el reloj en la otra. Transpirar energía por cada poro de mi piel. Porque prefiero morir así, que vivir de cualquier otra forma.